¿Para qué son las flores de Bach?

Por Claudia Belou

 

En lo cotidiano actuamos por hábitos adquiridos a través de nuestro pensamiento o creencias

Pero en lo más profundo de nuestro ser sabemos que tal vez quisiéramos hacer otra cosa, o ir en otra dirección, que muchas veces ni siquiera sabemos cuál es.

El Dr. Bach llamaba esto desarmonía entre la mente y el Alma

Cuando esto sucede podemos tener diferentes manifestaciones: stress, tristeza, desgano, preocupación, necesidad de atención o afecto , tensión, enojo, falta de voluntad, y muchos estados emocionales más, que alteran nuestra vida y nos sacan de eje.

Las flores de Bach pueden ayudarnos en esos casos, ya que su trabajo es limpiar esas emociones una por una, como si fuesen capas de cebolla, hasta reencontrarnos con nuestra esencia positiva.

Su efecto, al trabajar sólo en el campo emocional, es muy sutil, y la sensación que aportan es de bienestar. No producen acostumbramiento y pueden ser tomadas el tiempo que se desee, si bien para limpiar una “capa de cebolla” se recomienda tomarlas durante al menos tres meses. Pero para temas más puntuales como: miedo al dentista, rendir un examen, organizar un cumpleaños infantil, etc, con tomar dos gotitas de la flor seleccionada, en medio vaso de agua a sorbos, alcanza.

Cuatro gotas, como mínimo cuatro veces al día es la dosis recomendada, aunque cada persona puede regular esto tomando dosis extras cuando las necesite.

¿Cómo reconocer nuestros estados emocionales con las flores de Bach?

Por Claudia Belou

 

Los estados emocionales negativos son lo que prevalece en nuestra mente, la mayoría de las veces , inconscientemente. Porque nos preocupamos, porque tememos, porque en vez de conectarnos con las posibilidades o herramientas que tenemos, nos quedamos conectados al problema, a la imposibilidad de superar los obstáculos que aparentemente nos superan y sin embargo no son más que piedras en el camino de aprendizaje. A veces incluso entramos en estados en que sentimos que todo se derrumba, o que todo se sale fuera de su cauce. En esos momentos parece que lo único que puede sacarnos de allí es un milagro. Es evidente que lo que más nos cuesta es poder salir de la posición en la que estamos y “ver” las cosas desde otro lado.

 

Las flores de Bach pueden cambiar nuestra visión desde muchos aspectos.

 

Tal vez sólo sea corriendo un velo y volviendo hacia atrás un paso, para poder reconocer que ya hemos cambiado, aunque no nos agrade del todo para el lugar que hayamos ido. O tal vez sólo sea una oportunidad para ver todo lo que podemos hacer, la cantidad de posibilidades que nos quedan para cambiar, para crecer.

 

            Su efecto es tan sutil, que muchas veces suele pasar desapercibido en lo puntual, y la persona sólo nota estar más tranquila, o dormir mejor. No es del todo consciente del gran cambio que, como si fuese “una gota de agua que horada la piedra”, esta socavando desde adentro aquello que nos mantiene posicionados en una visión negativa de las circunstancias que nos tocan vivir.

 

            Hay flores que actúan permitiendo una toma de consciencia de lo que no podemos o no queremos ver. Sería el caso de Agrimony, que nos confronta con lo que queremos tapar y nos ayuda a resolverlo para evitar el efecto destructivo del dolor en nuestro interior; Chestnut Bud, que nos permite darnos cuenta de lo que no éramos capaces de observar en nuestro comportamiento hasta ese momento; Aspen, que nos ayuda a elaborar la capacidad de “ver” cosas más allá de lo consciente; Elm, cuyo efecto da a la persona la capacidad de regular el exceso de responsabilidad y enseña a delegar; Oak, el permiso para descansar cuando nuestro cuerpo lo pide, aunque tengamos aún una tarea por cumplir; Impatiens; la comprensión que cada persona tiene un ritmo diferente al suyo para vivir; Rock Rose que nos da la flexibilidad para aceptar que la vida es un constante fluir, si bien puede gustarme orientar la mia en un sentido del que no me permito desviarme jamás.

 

Podríamos seguir nombrando flores que despierten nuestra consciencia ya que las 38 que componen el sistema, cumplen de un modo u otro esta función. Lo importante es que cuando alguien que conoce las flores nos ayuda a ver dónde estamos “metidos” , la selección y preparación de una fórmula se hace mucho más sencilla y efectiva.

 

La mayoría de las veces nos resistimos a reconocerlo. Creemos que andamos por otro camino más apropiado y que las circunstancias nos llevan a equivocarnos, en suma, podemos tener una visión distorsionada de nosotros y de nuestra forma de actuar.

 

Así,  las flores podrán encaminarnos nuevamente, para estar en contacto con nuestros potenciales escondidos en lo más profundo de nuestro ser. Sin necesidad de grandes conflictos ni procesos de pensamiento, espontáneamente. Como si de golpe hubiésemos soltado parte de la gran carga que nos impusimos llevar sobre los hombros. Es por esta razón que mucha gente ve las flores de Bach como un alivio, y cuando lo preguntamos por qué? Suelen contestar que sólo pueden decir que están más relajados, o duermen mejor. O simplemente que le siguen pasando las mismas cosas pero ya no le afectan del mismo modo.

 

No es un motivo suficiente para pensar en recurrir a ellas?