Soltar Amarras... 

Por Claudia Belou

 

 
Soltar! Qué palabra! Cuando alguien piensa en soltar parece que las emociones se agolpan en el estómago, en el corazón, en la garganta.

E inconscientemente aparece el pensamiento: "No quiero soltarlo, me pertenece, me lo he ganado!"

En realidad yo pregunto...... ¿qué es lo que nos pertenece? ¿Hay realmente alguna cosa material que se pueda decir que es enteramente "mi" posesión?

El ser humano trabaja, se esfuerza para conseguir cosas, dinero, un lugar donde vivir, otro donde descansar...... Todas estas cosas han sido fruto de una gran expectativa que cada persona ha puesto en el resultado de su actividad, para sentir seguridad.

Insisto en que lo único seguro que se puede tener, es el cambio. Las cosas y las personas que  llegan a la vida de cada persona pueden partir tan fácil (o difícilmente) como llegaron. Porque se pierden, o porque alguien se queda con ellas (un trabajo, un automovil, una cuenta en el banco....), o simplemente porque quien las adquirió perdió el interés en ella y busca algo nuevo.

Se podrían enumerar tantas razones por las cuales todo circula a nuestro alrededor como la energía que contienen. La energía debe circular todo el tiempo. Si no hay circulación de aire, morimos. Si no hay circulación de aguas, se estancan y se vuelven inservibles. Si no circularan las horas del día, estaríamos paralizados, estáticos y no podríamos vivir. La energía por lo tanto, siempre está circulando y las personas y las cosas, no son nada más y nada menos que energía pura.

Cuando se guarda algún objeto "por las dudas", es casi seguro que ese algo quedará arrumbado en un rincón y será reemplazado cuando realmente se necesite, por uno nuevo. Tal vez ese obejto guardado hubiese sido muy útil para otra persona y su energía muerta no estaría ocupando un espacio inservible para nosotros.

Las personas llegan a la vida de cada ser para compartir un aprendizaje, para enseñarnos algo o para aprender algo. Acostumbramos usar los posesivos "mi marido" "mi esposa" "mis hijos" para designar a las personas que amamos.

Es sabido que en realidad nadie es de nadie. Por algo dice el refrán "No hay nada que ate más que la libertad". Sin embargo, esta pequeña palabra de dos letras nos da una cierta seguridad y es por eso que la utilizamos acompañando el nombre de las personas y cosas que amamos.

Entonces ¿Qué es lo que realmente tenemos, si no podemos retener ni las cosas ni a las personas? Tenemos sentimientos y no para "tener" sino para dar: el amor, el respeto, la gratitud, la amistad, el compañerismo. Si "tenemos" la capacidad de ver lo que la naturaleza nos brinda y podemos disfrutar sin esfuerzo por conseguirlo. Tenemos el tiempo que la vida nos da para crecer, para aprender, para transmitir y ser mejores personas. Tenemos la vida misma para ser aprovechada cada día en su máximo esplendor, en la búsqueda de nuestra identidad, de nuestro ser interior, de nuestra propia naturaleza.

No son cosas que se puedan despreciar, pero tampoco se puede decir que las podemos retener. Están ahí para ser disfrutadas, vividas y experimentadas cuando cada uno de nosotros esté listo para ello.